Le Vénérable Père Marie-Antoine de Lavaur, capucin, appelé Le Saint de Toulouse (1825-1907)
  
 
 
 
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4. Oraciones




Oraciones para pedir del P. Marie-Antoine

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

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Mi corazón vuela hacia nuestra santa montaña dulce virgen del cielo,
Ô nuestra señora de Lourdes,
brillante estela de Francia y del mundo,
perla diamante de nuestra Iglesia,
Ô santa Inmaculada Concepción,
nuestra esperanza nuestra gloria
y pronto nuestra resurrección y triunfo!
El universo entero repite conmigo,
desde nuestras montañas iluminadas
por los celestinales rayos de sol de justicia y amor:
levantaré los ojos hacia los montes desde los que vendrá el socorro
(Poner sus intenciones)

Mi alma tiene sed de vos.
Cuántome tarda el llegar de nuevo a contemplarlo
estos rasgos dulces de mi Madre del cielo,
echarme a vuestros pies
cantando con los peregrinos del mundo!




ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE CONSUELO


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Oh Nuestra Señora de Consuelo,
tú a quien Jesús me ha dado
por Madre cuando estaba en la cruz
a fin de que seas mi consuelo
en el sufrimiento y el dolor,
ven en mi ayuda
en la tribulación en que me encuentro.

Si tú no me consuelas,
si tú no me sostienes,
si tú no me liberas,
¿quién podrá consolarme, sostenerme y liberarme?

Es en ti, en tu bondad y en tu socorro
donde pongo toda mi confianza,
¡Oh Madre mía!

¡Vuelve hacia tu hijo
tus miradas favorables!
Oh Nuestra Señora de Consuelo,
¡consuélanos, sostennos, libéranos!

Cantando un cántico de reconocimiento,
publicaré eternamente tu poder, tu bondad,
tu misericordia y tu amor.

                                                                                                                          Padre Marie-Antoine de Lavaur
                                                                                                                                    (1825-1907)



A Jesús mi suprema oración

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¡Oh Jesús! ¡Oh mi Dios! Tú el Rey de mi corazón,
El tesoro de los tesoros, el encanto de mi vida,
Seguirte, imitarte, verte en la Patria,
¡Qué felicidad! ¡qué dicha eterna!

Dejarte, oh Jesús, ¡qué horrible desgracia!
El mundo, dejándote, se retuerce en la agonía.
Él pierde, perdiéndote, la felicidad y la vida.
Todo se derrumba, sin tíitodo es dolor.

¡Qué largo es mi exilio, déjame volar!
Ábreme tu hermoso cielo, yo quiero con los ángeles
y con todos los santos, allí cantar tus alabanzas.
Tu corazón tan bueno, tan dulce, ¿puede rehusarlo?




A Nuestra Señora del Consuelo

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Oh mi santa, mi buena, mi graciosa Madre,
oh, yo te suplico
por el amor que tienes a tu Divino Hijo, Jesús, y por el que tienes a los que él te ha dado
como sus hermanos al pie de la cruz.
Ten piedad de mi pobre alma, yo te la confío y te la doy de nuevo.
¡Por tu gracia, oh Madre mía, asísteme, en el último momento de mi vida. Yo lo siento venir.
Oh Madre mía, tengo confianza, sí, tengo confianza de que me asistirás y presentarás mi alma a mi Salvador,
que será también mi Juez.
¡Oh! mira cuánto temo y cuánto sufro de todas formas!
¡Madre mía! sé mi consuelo, mi esperanza y mi Todo después de Jesús tu Divino Hijo y mi Redentor.
Acuérdate de que él me ha entregado a ti y que no puedes abandonar al precio de su sangre.
Madre mía, bendice a tu hijo.




A san Antonio de Padua

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Oh gran Santo, tres flores bellas entre todas
se han abierto en tu alma seráfica:
la rosa del divino amor, el bello lirio de la angélica pureza, y la adorable violeta
de la santa humildad.

¡Oh las encantadoras flores! ¡Qué encanto! ¡Qué deliciosos perfumes!
En medio de estas tres flores, vengo a poner hoy una flor nueva,
Aquella que tú mismo haz hecho abrir en mi corazón,
conquistándolo.

Ella tiene un nombre bello entre todos los nombres, el nombre más caro a la amistad: el pensamiento.
¡Oh querida florcita! ¡Quiero que mi plegaria lleve tu nombre!
La he escrito, oh gran santo, para que tu pensamiento esté en todos los corazones.
¡He dejado a tus pies este pequeño ramo, para que lo bendigas!

Que mis pequeñas flores siempre bien abiertas te digan
que mi corazón piensa siempre en ti
y cuán grande es el gozo de cantar tus glorias*
y las del divino Esposo de quien tú recibes las caricias. Amén.

                                                                                                                                                                       
                                      *"Les Grandes Gloires de Saint Antoine de Padoue"
                                                                                                                                                                        
(Las Grandes Glorias de San Antonio de Padua)

                                                                                                                                                                                  han tenido una tirada de medio millón de ejemplares.





ANGELUS
Sobre el aire del María de Lourdes
Estribillo: Ave Maria


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El Arcángel a María
Dice: Salve,
oh Virgen escogida
por el Rey divino.

Yo soy la esclava
del Dios creador.
Humilde, obediente
lo espero mi Salvador.

Y el Hijo del Padre,
descendió de los cielos,
se hizo nuestro hermano,
para hacernos dichosos.

Ruega, oh María,
por todos tus hijos.
Oh Madre querida,
escucha nuestros cantos.




Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

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¡Oh mi dulce Jesús, víctima de amor!
Yo te adoro por todos los que no te adoran.
Yo te amo por todos los que no te aman.
Yo quisiera poder reparar, por la efusión de mi sangre, tantas horribles profanaciones
y tantos ultrajes que tú recibes todos los días en este divino Sacramento.
¡Que yo pueda consolarte como lo deseo,
y por mi tierno amor, suavizar las heridas crueles
que, sobre todo en nuestros días, los insensatos hacen a tu corazón tan amante!

Yo te ruego muy insistentemente por el triunfo de tu santa Iglesia tan afligida
y por su jefe nuestro papa amado.
Consuela su corazón de Padre que sufre tanto por la pérdida de tan gran número de hijos que desolent a la santa Iglesia.
COnfúnfelos, oh Jesús, pero sálvalos, yo te conjuro
por tu Corazón tan misericordioso y por el de tu Madre Inmaculada.
¡Echa una mirada de compasión sobre Francia!
Da la paz al mundo,
que tu reino de amor llegue a todos los corazones,
y que tu santísima voluntad se haga sobre la tierra como en el cielo. Amén.




Consagración a Nuestra Señora de Consolación

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¡Oh Nuestra Señora de Consolación, heme aquí a tus pies,
escucha la plegaria de tu hijo!

Salve, María.
Hija amante del Padre eterno, Madre admirable del Hijo, Esposa fiel del Espíritu Santo,
Templo augusto de la santísima Trinidad.
Salve, soberana Princesa, a quien todo está sometido en el cielo y en la tierra.
Salve, Refugio seguro de los pecadores.
Nuestra Señora de misericordia, que jamás has rechazado a nadie,
pecador, como soy, yo me echo a tus pies
y te ruego que me obtengas del buen Jesús, tu querido Hijo,
la contrición y el perdón de todos mis pecados, con la divina sabiduría.
Me consagro todo a ti con todo lo que tengo,
te tomo hoy por mi Madre y mi maestra.
Trátame, pues, como el último de tus hijos
y el más sumiso de tus servidores.
Escucha, Soberana mía, escucha los suspiros de un corazón que desea amarte
y servirte fielmente.
Que no se diga que de todos los que han recurrido a ti, yo soy el primero abandonado.
¡Oh mi esperanza, mi fiel e inmaculada Virgen María!
¡Oh Madre mía! defiéndeme, aliméntame, escúchame, instrúyeme, sálvame.

Alabado sea, adorado y amado, Jesús en el Santísimo Sacramento del altar,
por siempre y en todos los lugares de la tierra.

Oh Jesús, mi amado Jesús, oh María, Madre de Jesús y nuestra buena Madre,
danos tu santa bendición.
Sostennos en nuestras miserias, escúchanos en nuestras plegarias, consuélanos en nuestros dolores,
haznos triunfar sobre nosotros mismos, el mundo y el demonio,
y ponnos bien cerca de ti en la patria eterna.




Grito de amor

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¡Amor, amor infinito de mi Jesús crucificado!
¡Amor! Oh Jesús muerto por mí sobre esta cruz,
¡Que tu amor, oh Jesús,
sea mi alimento, mi tesoro, mi consolación
y mi vida!
Yo no quiero complacerme más que con aquellos
que me hablan de tu amor.
Amor de mi Jesús, tú eres mi gozo,
mi pan, mi fuerza, mi riqueza, mi todo!
¡Nada como tú! ¡Todo por ti!
Yo quiero (por tu intercesión, P. Marie-Antoine) que mi nombre sea amor,
que mi vida sea amor,
y mi muerte no será sino el vuelo hacia el eterno amor.
Amén.

                                                                                                                                                                En el "Manuel du Pieux Pèlerin
                                                                                                                                                              de N.D. de Consolation au Pech, près Lavaur"





¡Oh María Inmaculada!

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¡Oh María Inmaculada! ¡Oh Madre nuestra! ¡Oh amiga nuestra! ¡Oh toda bella!
Ven, ven a menudo a enseñar a nuestro siglo sin brújula
esas grandes cosas que no conoce más.
¡Oh casta paloma! ¡Oh Inmaculada Concepción! ¡Ven!
Mi alma no puede dejar de escucharte y de contemplarte:
¡Oh, qué bella eres en esa grieta de la roca, en esta gruta del valle!
¡Ah! ¡Habla, habla siempre a mi corazón!
¡Tu voz es tan dulce, tu aspecto tan encantador!

¡Oh Lirio sin mancha! ¡Oh Rosa mística! ¡Oh Flor siempre abierta,
Encanta, en fin, nuestras almas con tus encantos tan dulces!
¡Oh perla preciosa de nuestro siglo! ¡Oh Escudo de la Iglesia en sus luchas supremas!
¡Oh María! ¡Oh Rosa mística, ruega por nosotros!
Sí, aquél que es el Todopoderoso ha hecho en ti grandes cosas:
¡Te ha hecho, como él, todopoderosa en el cielo y en la tierra!
Él no hizo nada semejante a ti.
¡Por encima de ti, no veo más que a Dios, y todo lo que no es Dios,
es inferior a ti!

¡Oh gloriosa! ¡Oh dulce! ¡Oh amable María!
¡No puedo pronunciar tu nombre sin saltar de alegría
y sin ser inundado de inefables delicias!

¡Quién no te amaría, oh María! ¡Oh hoguera de amor!
¡Más bella que el sol, más dulce que la miel,
más suave que el dulce perfume de la rosa!
¡Rosa mística, ruega por nosotros!

                                                                                                                                                  "Le Lis Immaculé"





Oración a María, la Madre del divino Amor

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¡Oh Reina de los corazones! ¡Oh Madre del santo Amor!
¡Qué corazón podría no amarte!
Oh, que todos los corazones que vivan en tu amor
Para vivir por ti en el amor de Jesús,
¡están seguros entonces de jamás morir!
Después de Jesús, tú serás siempre, oh María,
¡El amor de mi corazón, y mi alegría más grande
será siempre el verte amada y exaltada por encima de toda creatura!
¡Oh, ven en mi última hora! ¡Ven, oh tierna Madre!
¡Ven a sonreírme con Jesús! ¡Ven a recoger mi alma
e introducirla en la patria del eterno amor!

                                                                                                                                                    « L’amour n’est pas aimé »




Oración de los niños

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Oh mi Dios, que concedes todo a los que escuchan piadosamente la santa Misa,
yo te pido, en nombre del santo Niño Jesús, tu divino Hijo, ser un niño según tu corazón,
es decir, piadoso y dócil a mis padres y a mis maestros,
y te suplico, por la intercesión de María, mi madre, de san José, mi protector
y de mi buen Ángel
conservar la inocencia y concederme la gracia de hacer bien mi primera comunión.




Oración del pequeño Léon Clergue

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¡Oh Jesús, el amor te ha dado la Cruz,
haz que la Cruz me dé el amor!

                                                                                                                                                                    *Al comienzo de uno de sus cuadernos de niño




Oración del Peregrino antes de la partida

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Señor, que has hecho atravesar el mar Rojo a pie seco a los hijos de Israel
y que has enviado una brillante estrella a los Reyes Magos para conducir sus pasos,
concédenos un viaje dichoso y un tiempo propicio,
para que acompañados por tu santo Ángel,
lleguemos felizmente al fin de nuestra peregrinación y al puerto de la eterna patria.

Señor, que has conservado sano y salvo a Abraham, tu hijo, durante su largo peregrinar,
guárdanos durante éste que comenzamos.
Sé nuestra fuerza en la fatiga, nuestro socorro en el peligro y nuestro abrigo contra los rigores de la temperatura,
llévanos en tus brazos a lo largo del camino,
sálvanos de todos los peligros y haznos llegar felizmente
al final de nuestra peregrinación y al puerto de salvación.

Oh Señor, escucha nuestras oraciones.
En medio de todos los embuches de la vida, cúbrenos con tu amor todopoderoso,
y haz que siguiendo las huellas de tu divino Cordero
que Juan Bautista, el santo precursor, vino a mostrar a la tierra,
y marchando así en el camino de la salvación,
merezcamos ir a contemplarlo en la gloria donde él reina contigo y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.

Que el Señor nos dirija en el camino de la paz y de la prosperidad.
Y que el ángel Rafael nos acompañe en el camino,
para que podamos volver a nuestras moradas
llenos de gozo, de salud y de dicha.

Marchemos en paz. En nombre del Señor. Amén.




Oración y profesión de fe

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Santa María, Madre de Dios y Virgen inmaculada,
oh patrona y abogada nuestra,
te invocamos,
obtennos la gracia de servir todos los días de nuestra vida, con fidelidad y perseverancia,
a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Nosotros reconocemos y publicamos que él es el Rey supremos de todos los hombres y de todo el universo,
que el Soberano Pontífice, jefe y doctor infalible de la Iglesia, ocupa su lugar en la tierra,
y sometemos enteramente, en el orden moral y en el de la fe, a sus decretos y a sus enseñanzas,
no solamente nuestra vida privada, sino también nuestra vida pública y social.




Oración por los sacerdotes y los religiosos

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Oh mi Dios, levántate, defiende tu causa
haz triunfar por fin a tu Iglesia, salva a Francia y por la Inmaculada Concepción
que es la gloria y la esperanza de la Iglesia y de Francia,
danos religiosos, danos siempre santos sacerdotes. ¡Amén!












Date de création : 19/02/2009 03:01
Dernière modification : 13/11/2017 14:42
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